LOS DECRETAZOS EN LA CUARTA TRANSFORMACION



Podemos estar de acuerdo o no con los Proyectos de Inversión del Sexenio de López Obrador en cuanto al desarrollo del país en zonas geográficas desde siempre abandonadas, pero hacer decretos a modo para impulsar proyectos políticos aprovechando una contingencia mundial de salud no parece ser un acto republicano que tienda a considerar al resto de la economía del País que sufrirán igual las consecuencias del Covid 19 y que necesariamente por no tener en cada estado proyectos federales estará limitada su actividad económica solo y exclusivamente a lo indispensable.


Tradicionalmente las excepciones a la conservación de una legalidad constitucional en un Estado Moderno se deben hacer en términos generales y con excepciones limitadas a la debida atención de la emergencia, así lo declara la norma jurídica y así se publicó en el acuerdo del 30 de marzo de 2020 del Consejo de Salubridad General al emitir un acuerdo que limito las actividades empresariales en México para garantizar la alimentación, los servicios médicos y el abasto indispensable.


Pues en el acuerdo publicado en la edición vespertina claro del Diario Oficial de la Federación este día 6 de abril de 2020 las cosas tomaron un rumbo diferente, se politizo el tema sanitario contaminándolo con los objetivos políticos de la cuarta transformación (loables) y sin ninguna justificación ni fundamentación o motivación congruente a la emergencia en el artículo 2º transitorio se estableció por parte del Poder Ejecutivo Federal que se excepcionan las actividades de acero, cemento y vidrio que sean para continuar con sus actividades exclusivamente para atender los compromisos para los Proyectos Dos Bocas, Tren Maya, Corredor Transístmico, CFE, Pemex y Aeropuerto Santa Lucia “Felipe Ángeles”.


Es sabido que la manera del arcaico priismo de hacer política en México del siglo pasado y con estertores de Peña Nieto se concentró en gran número de casos en corromper la vida nacional y para ello se fundamentó en las excepciones a la ley para beneficiar a sus aliados y amigos, también para hacer valer sus proyectos políticos por medio de decretos que le daban la vuelta al régimen jurídico.


La visión del Priismo y una buena parte del Panismo desde 1934 al 2018 se baso en que si bien es cierto se podían afectar intereses de ciertas actividades económicas de la vida nacional en determinados momentos históricos, siempre se requirió del consenso de los factores reales de poder llámese sociedad organizada, empresarios, centrales obreras, campesinos, clases políticas y citadinos de todo el país que un modo u otro resultaban incluidos en los planes de contingencia posteriores, sin contar con el autoritarismo del partido hegemónico y la fuerza política de un Estado peligrosamente represor y amenazante con la Ley de Herodes en mano.


Pero el Presidente Andrés M. López Obrador no es el priismo, ni el panismo que diseño un sistema político sui generis que los mexicanos desdeñaron en las urnas en 2018, el Presidente viene y está rediseñando un gobierno emanado de una plataforma en principio más democrática y vanguardista como es el caso de Morena, por tanto no puede recurrir sin un costo político posterior ante los ciudadanos y menos aprovechando una contingencia sanitaria obligados a un distanciamiento social en casa, en medio de un mundo de redes sociales comunicado en tiempo real, al arcaísmo de los DECRETAZOS.


Cd. Juárez, Chih. 6 de abril de 2020 comentarios en quinientasjuarez@gmail.com


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